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Graveyard Escape

En muchas películas de terror la acción transcurre en un cementerio, de noche y con tormenta. Mientras las miro paso mucho miedo y quiero que eso se acabe. Una película es una película. La mejor solución es dirigirse a un escenario real y ver que no sucede nada, que el miedo es producto de nuestra imaginación. Hoy es la noche ideal, además no hay nadie por los alrededores. Rayos y relámpagos iluminaban el cielo. Hasta los truenos tienen un sonido especial. Realmente es de película. Da un poco de miedo. La soledad y la imaginación me bloquean. Entro ... no entro..., dudo unos instantes...

Empujo con fuerza la reja de entrada. Doy unos pasos...¡Ya es suficiente por hoy! No pasó nada y conseguí mi propósito: ver que no sucede nada. Me doy la vuelta para volver a casa y... ¡La puerta está bloqueada! Un letrero con letras escritas con sangre me dice: “No hay manera de irse”. Se referirá a los muertos, porque lo que es yo, busco la manera de largarme, pero ¡Ya!

Arranco el papel con furia. Agarro una piedra que está sobre el muro, no sirve para romper el candado. En el muro hay algo, pero la oscuridad me impide ver con precisión. Me dirijo a la capilla, pero está cerrada. Daré una vuelta a ver qué encuentro. En la tumba fechada con el año 1599 encuentro una piedra incrustada en la P de “R.I.P” (Requiescat In Pace). Junto a la base, en su lado izquierdo hay una hoja de cuchillo. Intento una vez más forzar el candado, esta vez con la hoja de cuchillo, pero no puedo usarla, me puedo cortar la mano.

Una de las piedras la aguanto en una mano mientras con la otra la golpeo con fuerza. Saltan chispas. Acerco el papel y empieza a arder. Acerco la improvisada antorcha al panel que hay en el muro junto a la puerta. ¡Ahora ya veo algo! Bajo la palanca. Parece ser que he conectado la electricidad. Al menos las calaveras de la entrada se ven iluminadas. Con la hoja de cuchillo, a modo de destornillador, quito la tapa del panel. ¡Una llave!

Nuevamente dirijo mis pasos a la capilla. Uso la llave para abrir la puerta y entro. Aquí no llega la electricidad. Está más oscuro que una noche sin luna. Un quinqué en el techo. Buscaré algo para encenderlo. En la papelera encuentro lo que busco. Froto una de las cerillas con la caja y la uso para el quinqué. ¡Eso es otra cosa! Iluminar... ilumina. Pero debe funcionar con petróleo por el humo que desprende.

Junto a la puerta de entrada un cofre, con su calavera y un par de húmeros cual bandera pirata. La calavera lleva grabado el número 1621 y uno de los húmeros, el 1861. Recuerdo que entre las tumbas vi dos lápidas con esos números. Si he de andar por el cementerio, quizás que me proteja. En un cajón... un rosario, de la botella agarro el tapón y del suelo un vaso. Con el tapón obstruyo el agujero del desagüe del lavabo. Ato el rosario al grifo de tal manera que el agua tenga contacto con el crucifijo. Lleno el vaso de agua bendita. ¡Ya estoy preparado para lo peor!

En el exterior, junto al monolito con una cruz en lo alto encuentro una pala. Buscando lápida por lápida, encuentro la datada en 1621. Con la pala empiezo a excavar la tumba. De repente una nube etérea surgió del suelo. ¡El fantasma de la muerte! ¡Dios mío, no quiero morir tan joven! Rápidamente le arrojo el agua bendita que llevo en el vaso. La muerte desaparece, no logró su objetivo. Miro dentro de la fosa que he dejado al descubierto. Un esqueleto. Con muchísimo respeto agarro la calavera. Espero que no aparezca su espíritu porque no tengo con qué defenderme
Me dirijo en busca de la tumba con el 1861 grabado. Más de lo mismo, excavar, nube etérea, el fantasma de la muerte (ahora ya no me impresiona), agua bendita y esqueleto. Esta vez le tomo los húmeros.

Vuelvo a la capilla rápidamente y coloco los huesos obtenidos en el sitio que le corresponden. El cofre se abre surgiendo de su interior un haz de luz intenso producido por miles de estrellas. En su centro una llave con tres dientes. La agarro con firmeza y me dirijo sin prisas a la reja de la entrada. Pongo la llave en la cerradura. La puerta se abre y puedo marchar con la satisfacción de haber conseguido superar mis miedos.

Ahora sé que las leyendas de los cementerios son ciertas. No voy a tomar a la ligera las teóricas supersticiones. He visto la muerte de cerca por dos veces. No voy a investigar más de noche en sitios sagrados. Me quedo en mi camita en mi habitación con la persiana bajada y la puerta cerrada con llave. Ya no tengo temor a nada.

Pero... ¿qué es este sonido de algo arrastrándose por debajo de mi cama?....   ¡Ahhhh! ¡Mamá! ¡Papá! ....