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¿Desaparecido? ¡No!

Desaparecido durante una semana.
Partí de congreso. Hay que estar al día e Internet no es suficiente. El intercambio directo de conocimientos suele ser más fructífero.

El congreso se celebraba en la ciudad de Donostia (San Sebastián), llamada también “La Bella Easo”. Ciudad a la que tengo especial cariño y que visito con relativa frecuencia. Si alguna vez la visitan, no tengan pereza de realizar un buen paseo por la bahía de La Concha. Visiten el Palacio de Miramar y continúen por la playa de Ondarreta hasta llegar al “Peine del Viento”, conjunto escultórico elaborado por Eduardo Chillida. Ya que están ahí, aprovechen para subir en el funicular a lo alto del monte Igueldo y disfruten de una maravillosa vista panorámica. Para más detalles de la ciudad y alrededores existen excelentes guías.


En esta ocasión no pude deleitarme demasiado en callejear. La asistencia al congreso me absorbió todo el tiempo. Pero aún así disfruté. Conocí el interior del Palacio de  Congresos y Auditorio Kursaal, llamado también El Cubo (aunque son dos, el grande y el pequeño), obra del arquitecto José Rafael Moneo.



El Hotel María Cristina, en el que  se alojan las estrellas más destacadas del cine durante la celebración del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.



El interior del Palacio Real de Miramar: el Salón Blanco, el Salón de Música, el Salón de Madera, el Petit Salón, la Biblioteca y el Comedor Real; de sus jardines y vistas sobre la bahía de La Concha ya disfruté en anteriores visitas.



Ya libre de tareas, el sábado me desplacé a Bilbo (Bilbao) a saludar a familiares. Aperitivo en lo alto del Monte Artxanda, horas de confraternización, despedida y vuelta a casa. En su visita a Bilbo, les recomiendo una ruta entre otras: subir a Artxanda en funicular, disfrutar tanto de las vistas panorámicas de la ciudad como del valle de Txorierri, bajar en autobús hasta la Basílica de Begoña y descender andando por las Calzadas de Mallona, siguiendo el Camino de Santiago, hasta el corazón del Casco Viejo bilbaíno, las llamadas “Siete calles”.



Vuelta a casa, cansado, derrotado, pero feliz. Ya estoy empezando a pensar en volver.