Hoy se publicó el nuevo juego de aventura Treasure of Big Totem 9 del autor Federico Rutenberg. Parece que la serie continúa dada la buena acogida entre sus jugadores, se están creando adictos. También encontrarán otros juegos del mismo autor en su página web www.esklavos.com como en la web www.juegosdeescape.net .
Axel y Nadia llegaron al lugar llamado “Cráneo de piedra”. Continuaban juntos la búsqueda del tesoro del “Gran Tótem”...
Axel y Nadia llegaron al lugar llamado “Cráneo de piedra”. Continuaban juntos la búsqueda del tesoro del “Gran Tótem”...
¡Menos mal que sólo le dije: “Ok, Nadia, busquemos ese pergamino”!
Va y me suelta : “Espero que no seas una molestia...” Me quedé embobado mirándola mientras pensaba: “Ella es Nadia, mmm, se ve muy bien...”
No sé qué cara pondría yo, pero el caso es que me volvió a soltar: “No te hagas ilusiones.” Ahí es donde me percaté de que Nadia podía tener unos pensamientos del tipo: “Es Axel, presiento que va a ser un estorbo...”
Pero dejemos de lado nuestras relaciones personales, para mejor ocasión.
A partir de aquel momento nos dedicamos juntos a investigar.
Nos hallábamos frente al Cráneo de piedra. Tres antorchas junto con un poste, con una bola de cristal en su extremo superior, formaban el entorno misterioso del lugar.
Nos dirigimos a la antorcha de la izquierda. Una voz del más allá retumbó en nuestras mentes:”Dame dos fuertes ojos así podré verte”. Continuamos con la antorcha de la derecha y pudimos oír: “Tráeme una pluma y esencia de mosca y te daré alas”. Finalmente nos acercamos a la antorcha central para oír el último mensaje: “Dame un corazón para poder despertar”.
Era hora de empezar a resolver los enigmas. Miramos a nuestro alrededor. Ojos fuertes sólo podían ser de piedra. Efectivamente, en la muralla de rocas, que estaba al lado de Nadia, habían incrustadas dos piedras con forma de ojo. Nos faltaba alguna herramienta para arrancarlas. Detrás del poste con la bola de cristal, en las rocas, había un palo con forma de mango, pero no servía para eso. Seguimos buscando y hallamos la parte que faltaba cerca de la antorcha de la derecha. Unimos el mango con la punta de pico, en el orden correcto, y ya poseíamos la herramienta adecuada. Arrancamos las piedras y se las colocamos al cráneo. Empezaron a brillar, eso le daba vida, pero le faltaba el corazón.
Hablando de brillos, a lo lejos, en la cima de la montaña, algo reflejaba la luz del sol, pero cualquiera llegaba a aquel lugar tan escarpado, mejores tareas teníamos en ese momento. Una pluma y esencia de mosca... La pluma sería fácil. Agitamos las ramas de la derecha del gran árbol y ¡agua! Seguro que era de la condensación nocturna. Para poder recogerla agarramos un cuenco que estaba junto a la antorcha de la izquierda, quizás más tarde tendríamos sed. Había que ser rápido: mover las hojas, agarrar el cuenco y recoger el agua. Agitamos las ramas de la izquierda y una hermosa pluma azul se meció en el aire hasta posarse en el tronco.
Puestos a agitar, también agitamos las hojas que estaban junto a la antorcha de la derecha. Una mosca famélica salió volando. Cuando íbamos a por ella, al tocar la piedra donde se iba a posar, salió una planta carnívora más famélica todavía y no dejó ni rastro. Donde la antorcha central había una especie de grano por el suelo. Cuando la mosca se detuvo en la piedra, se lo dimos a comer para que engordara y a continuación avisamos a la planta carnívora. Bien alimentada esta vez, escupió un buen montón de esencia de mosca.
Coloqué la pluma y la esencia de mosca en el fuego de la antorcha de la derecha, la que nos pedía dichos ingredientes. Se produjo en mí una transformación: ¡Me convertí en águila! Rápidamente me dirigí a la cima de la montaña. Un enorme rubí con forma de corazón es lo que nos había estado deslumbrando todo el tiempo. Era el momento de colocarlo en su lugar. Con la pala que hallamos junto a una planta de hojas anchas hicimos un pequeño agujero para depositar el corazón. Adquirió algo de brillo, pero le faltaba energía. ¡Claro, nos hacía falta un desfibrilador! El poste con la bola de cristal podía servirnos para acumular energía. Lo he visto en muchas películas.
Aprovechamos cuando la nube se situó encima de la antorcha central para verter el agua del cuenco en el fuego. Se evaporó y se acumuló al agua de la nube. Se preparaba una gran tormenta de rayos y relámpagos. Cuando la nube negra se situó encima de la bola de cristal, hice acercar a Nadia la mano a la bola para producir un arco eléctrico. Toda la energía de la nube pasó a la bola y de la bola al rubí-corazón. Algo le haría, porque asomó la mano del esqueleto con un pergamino en la mano.
Abrimos el pergamino con ansia de conocer nuestro nuevo destino: “Tu búsqueda sigue en la fuente de los deseos”.
Va y me suelta : “Espero que no seas una molestia...” Me quedé embobado mirándola mientras pensaba: “Ella es Nadia, mmm, se ve muy bien...”
No sé qué cara pondría yo, pero el caso es que me volvió a soltar: “No te hagas ilusiones.” Ahí es donde me percaté de que Nadia podía tener unos pensamientos del tipo: “Es Axel, presiento que va a ser un estorbo...”
Pero dejemos de lado nuestras relaciones personales, para mejor ocasión.
A partir de aquel momento nos dedicamos juntos a investigar.
Nos hallábamos frente al Cráneo de piedra. Tres antorchas junto con un poste, con una bola de cristal en su extremo superior, formaban el entorno misterioso del lugar.
Nos dirigimos a la antorcha de la izquierda. Una voz del más allá retumbó en nuestras mentes:”Dame dos fuertes ojos así podré verte”. Continuamos con la antorcha de la derecha y pudimos oír: “Tráeme una pluma y esencia de mosca y te daré alas”. Finalmente nos acercamos a la antorcha central para oír el último mensaje: “Dame un corazón para poder despertar”.
Era hora de empezar a resolver los enigmas. Miramos a nuestro alrededor. Ojos fuertes sólo podían ser de piedra. Efectivamente, en la muralla de rocas, que estaba al lado de Nadia, habían incrustadas dos piedras con forma de ojo. Nos faltaba alguna herramienta para arrancarlas. Detrás del poste con la bola de cristal, en las rocas, había un palo con forma de mango, pero no servía para eso. Seguimos buscando y hallamos la parte que faltaba cerca de la antorcha de la derecha. Unimos el mango con la punta de pico, en el orden correcto, y ya poseíamos la herramienta adecuada. Arrancamos las piedras y se las colocamos al cráneo. Empezaron a brillar, eso le daba vida, pero le faltaba el corazón.
Hablando de brillos, a lo lejos, en la cima de la montaña, algo reflejaba la luz del sol, pero cualquiera llegaba a aquel lugar tan escarpado, mejores tareas teníamos en ese momento. Una pluma y esencia de mosca... La pluma sería fácil. Agitamos las ramas de la derecha del gran árbol y ¡agua! Seguro que era de la condensación nocturna. Para poder recogerla agarramos un cuenco que estaba junto a la antorcha de la izquierda, quizás más tarde tendríamos sed. Había que ser rápido: mover las hojas, agarrar el cuenco y recoger el agua. Agitamos las ramas de la izquierda y una hermosa pluma azul se meció en el aire hasta posarse en el tronco.
Puestos a agitar, también agitamos las hojas que estaban junto a la antorcha de la derecha. Una mosca famélica salió volando. Cuando íbamos a por ella, al tocar la piedra donde se iba a posar, salió una planta carnívora más famélica todavía y no dejó ni rastro. Donde la antorcha central había una especie de grano por el suelo. Cuando la mosca se detuvo en la piedra, se lo dimos a comer para que engordara y a continuación avisamos a la planta carnívora. Bien alimentada esta vez, escupió un buen montón de esencia de mosca.
Coloqué la pluma y la esencia de mosca en el fuego de la antorcha de la derecha, la que nos pedía dichos ingredientes. Se produjo en mí una transformación: ¡Me convertí en águila! Rápidamente me dirigí a la cima de la montaña. Un enorme rubí con forma de corazón es lo que nos había estado deslumbrando todo el tiempo. Era el momento de colocarlo en su lugar. Con la pala que hallamos junto a una planta de hojas anchas hicimos un pequeño agujero para depositar el corazón. Adquirió algo de brillo, pero le faltaba energía. ¡Claro, nos hacía falta un desfibrilador! El poste con la bola de cristal podía servirnos para acumular energía. Lo he visto en muchas películas.
Aprovechamos cuando la nube se situó encima de la antorcha central para verter el agua del cuenco en el fuego. Se evaporó y se acumuló al agua de la nube. Se preparaba una gran tormenta de rayos y relámpagos. Cuando la nube negra se situó encima de la bola de cristal, hice acercar a Nadia la mano a la bola para producir un arco eléctrico. Toda la energía de la nube pasó a la bola y de la bola al rubí-corazón. Algo le haría, porque asomó la mano del esqueleto con un pergamino en la mano.
Abrimos el pergamino con ansia de conocer nuestro nuevo destino: “Tu búsqueda sigue en la fuente de los deseos”.

Excelente Juaco!
ResponderEliminarUu historia más bonita que la otra.
Felicidades!!! =D
Ojalá no se acaben los capítulos del "Treasure of big Totem", para seguir encantándonos con estos cuentos... buenísimo!
Saludos.
¡¡Me encanta la explicación!! Y eso tiene mérito porque yo no comparto tu afición por los "juegos de escape", pero sí por la ficción literaria. Jajaja!!!
ResponderEliminarBesitos,
Pilarín
Zorionak Juaco cada dia lo explicas mejor sobre todo para mi que soy una cazurra jajaja.
ResponderEliminarPara mi eres el mejor ESCAPISTA que hay .
Sigue asi dejando miguitas de pan yo te sigo.
BESOS de Osita para ti y los tuyos.
ERES EL MEJOR JUACO
MARISA !jenni!