Treasure of Big Totem 6

Nuevo episodio Treasure of Big Totem 6 publicado recientemente por su autor Federico Rutenberg y  también en www.juegosdeescape.net .

La búsqueda continúa, esta vez en el arrecife, próximo destino al que nos dirigía el último pergamino hallado por Victoria. Pero ¿qué pasó? ¿logramos el objetivo? Conozcámoslo...



El arrecife... su acceso lo convierte en un lugar peligroso. No podía mandar ni a Axel ni a Victoria. Imposible llegar en barco. Así que mandé a mi ayudante en una balsa. Aunque él tenga una apariencia tosca, es fuerte, habla la lengua de los nativos y es muy perspicaz.

Durante el viaje sobrevino una tormenta. Con el oleaje, perdió todos los utensilios que llevaba. A pesar de ello consiguió alcanzar el arrecife. A su llegada empezó a observar a su alrededor. Frente a él encontró un martillo. Había rocas por doquier de todos los tamaños y colores. Al final de la bahía, vio un brillo en el agua. Intentó tomar el objeto, pero un tiburón se lo impedía. Bueno, quizás no le haría falta.

Ya era hora de adentrarse...
En un claro, encontró a un indígena junto a su choza y un altar. Primero las presentaciones. Se llamaba Mutumba y era el cuidador de los dos tótems. Uno de ellos fue robado y sólo le daría el pergamino al que le ayudara a recuperarlo. En el altar, en la cesta de la izquierda, agarró un hinchable con forma de pato. Eso no debería de estar ahí, las ofrendas a los dioses sólo deben ser frutas autóctonas.
Había también un mono con cara de travieso. Mi ayudante conocía el lenguaje de los monos. Le había escondido el cincel a Mutumba. ¡Vaya pillo! Pero le indicó dónde encontrarlo: una X señalaría el lugar. Encontrar al ladrón y al tótem robado entre tantas islas era una tarea imposible. Estuvo pensando... martillo, cincel... ¡Ah! esculpiría un tótem y conseguiría su objetivo. Intentó agarrar una roca que había junto a la pata izquierda del altar, sin embargo, era demasiado pesada.

Volvió al lugar de desembarco. Entre las palmeras, en los matorrales estaba la X. Agarró el cincel. Junto con el martillo se dispuso a esculpir un nuevo tótem. Las piedras que estaban frente a él eran demasiado grandes. Más lejos, encima de un montículo, había una piedra pequeña, ideal para su propósito; pero le faltaba una imagen del modelo para poderla tallar.
Ir y volver del altar no garantizaba que recordara con exactitud la imagen a cincelar. Recordó el objeto sumergido en el agua. Tenía que distraer al tiburón y ¡qué mejor que un pato! Lo depositó encima de las olas. El tiburón se despistó mirándolo y, así pudo, agarrar el objeto brillante: era un espejo.

Algo corto de vista era el indígena, porque al mostrarle el espejo, que cual descubridor entrega como presente, al ver el reflejo pensó que era un compadre suyo. Tal era su confusión que le encargó la reparación de las goteras de la choza. Aprovechó la situación para buscar lo que pudiera interesarle.
Empezó moviendo los escudos que estaban apoyados por doquier. ¡Vaya! En cada tronco situado a modo de columna había un agujero, seguro que por ahí se colaba el agua. Se los taparía. A los pies de uno de ellos había un tapón, otro dentro del vaso que estaba situado al lado de la olla y un tercero empotrado en el trozo de tronco al lado de la mesa. Con los tres tapones en la mano se dispuso a obturar uno por uno cada agujero. Por arte de magia, encima del trozo de tronco, donde antes había una cajita con un icono apareció una antigua cámara fotográfica. Eso sí serviría para sus intenciones.

Salió de la choza y le tomó una fotografía instantánea al tótem del altar. Se dirigió a la piedra del montículo, la que había escogido antes para esculpir, y sin más espera y con la fotografía como modelo, talló un tótem igualito igualito. Lo agarró y lo colocó encima del tótem que quedaba en el altar.

Mutumba, cumpliendo su palabra y en agradecimiento por la recuperación del tótem robado, le hizo entrega de un pergamino. Está claro que hay que mandarle unas gafas a Mutumba, ni se percató que le endosaron una imitación, bien conseguida por cierto. En fin que le dieron gato por liebre.

Al abrir el pergamino, se podía leer: “Tu búsqueda sigue en el puente colgante...”

Y en ello estamos, buscando el puente colgante para lograr al fin el Tesoro del gran Tótem.

3 comentarios:

  1. Siempre lo digo... jajajaja
    Pero seguré diciéndolo cada vez que lea esas historias... Tus "comentarios" sooon buenísimooooOs!!! (y no exagero, eh?)
    jajajajaja
    Felicidades Juaco!
    Saludos.

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  2. Hola juaco...
    Aprobado! xD
    Chao juaco...
    Espero la publicación del totem 7 xD

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  3. Ole!!!!!
    Que este españolito es de buena madera!!!!
    Me pregunto... cual es el idioma monezco???
    jajaja... bueno, estuvo excelente la narración (como que vas puliendote)... jejeje.. ¡¡mentira!! ya estas muy pulidito. xD
    Saludos desde Queretaro, City (L)
    Dew... jaja

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